A pesar de lo sofocante del calor capitalino siempre es bueno, cuando se puede, caminar un poco y descubrir, para bien o para mal, algunas de las transformaciones que sufre esta ciudad.Sin proponérselo, por el curso de la caminata y la conversación, podemos descubrir nuevos aspectos, nuevas realidades, tanto positivas como negativas, que van sedimentando de sentido y razón nueva a sus calles, a sus edificios, a sus espacios públicos. Cada nueva caminata, cada espacio visto con ojos distintos, cada vez, se transforma en algo distinto, con significados y modos distintos, asociado a situaciones y recuerdos cambiantes siempre en constante transformación.
En febrero me tocó estar en Santiago nuevamente y pudimos tener una de nuestras largas caminatas y conversaciones en las que la ciudad misma va cambiando y se va apropiando de nuevas luces y nuevas experiencias para nosotros.
Y uno de esos periplos nos llevó en pleno centro frente a un edificio de considerable tamaño que acababan de demoler. Es curioso darse cuenta que a veces uno no percibe la realidad hasta que ya no está allí, y se hace penoso tratar de recordar, de fijar en una memoria difusa algo concreto de realidad cierta y medible, pero que ya no estará más con nosotros. Y es allí cuando la imaginación comienza a jugar su treta y comenzamos a tratar de reconstruir el espacio inconcluso, en el que la fantasía de la memoria comienza a crear realidades paralelas, conformadas por los recuerdos mismos y por ese algo difuso que trata de hacer concreto lo inmaterial y dar forma al espacio y a los lugares. Es curioso, si se pudiera "ver" lo que la imaginación reconstruye en cada lugar ya inexistente, probablemente aparecería una ciudad paralela, mitad real y mitad imaginaria, mitad idealizada, a menudo confluyente de varios otros lugares o formas sacadas de diversos rincones de la memoria y del conocimiento.
Una verdadera ciudad fantástica, una interpretación de la ciudad, probablemente con la misma carcasa real, tangible, y existente, pero nueva y diversa en detalles, rincones, espacios nuevos, complejidades nuevas, personas nuevas, duales, que son en ambas realidades lo mismo y lo otro, lo nuevo, lo imaginado y recreado por la memoria.
Quien sabe que otros lugares, que otros edificios, vistos tan sólo un par de veces, se diluyan para siempre en la memoria de nosotros cuando ya no estén....
Quien sabe cuanto anhelo volver a ver el barrio donde crecí, los colegios donde estudié, la gente que conocí en mi infancia... con los ojos de ahora, cuando sólo quedan vagas imágenes en la memoria, cada vez más distorsionadas, cada vez más deformadas, cada vez más transparentes y etéreas y frágiles...
P.D. El edificio en cuestión estaba en la esquina de Morandé con Santo Domingo, obra de los excelentes arquitectos Josué Smith Del Solar (1867-1938) y su hijo José T. E. Smith Miller (1896-1956), ilustres nombres de la arquitectura nacional de principios del siglo XX.
Sebastian Aguilar O.
Valparaíso, 09 de Marzo de 2007, 20:50 hrs.
Valparaíso, 09 de Marzo de 2007, 20:50 hrs.
1 comentario:
Siempre me ha hecho pensar el recambio de edificios o de otras obras. Porque con ellas se van historias, vidas y todo un tiempo. A veces me da angustia que derriben edificios, pero a veces un incendio o cosas como pasaron en la "zona 0" hace que sucedan casi al azar.
Es triste para mí ir a Santiago y ver que el sector por donde crecí ha ido cambiando... Donde hubo tierra, arboles y niños jugando, ahora hay cemento, metro y autos. nada que hacer, no?
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