domingo, 27 de mayo de 2007

Cementerivm


Hace un par de meses comencé a leer un libro de Rilke titulado Relatos de Praga, es un libro breve, pero debido a mi lentitud para leer estoy rcién terminándolo. Consta de dos capítulos. Al terminar el primero me quedé pegado al final de la página, pensativo y sobrecogido por el final. Cuando lo empecé noté que me costaba asirlo, será por estilo lírico de la narración o porque nunca me había sumergido en la literatura de este autor checo. Como sea, seguí adelante y repentinamente me vi envuelto en relatos que abundaban en descripciones de la ciudad, de visiones afectivas de los edificios y calles y de una delicada y cálida manera de exponer los interiores de las casas o habitaciones. Todo junto a un mágico relato de personajes dedicados a la pintura, la escritura o la política. El autor juega con las emociones del lector, pero muy sutilmente, conoce a la perfección el ritmo de las palabras y de los silencios, así como conoce y sabe exponer notablemente el sentir humano. Es acá donde quiero detenerme.
En el segundo capítulo, (Los Hermanos) Rilke relata lo que sucede en la ciudad y en el cementerio en El Día de los Difuntos. Sin caer en palabras sentimentaloides o en emociones forzadas cuenta el devenir de las personas en la urbe y en el camposanto.
Al leerlo, sentí lo que he sentido muchas veces al ir a un cementerio, especialmente al Católico y al General, acá en Santiago.
Los dejo entonces con este extracto de Relatos de Praga.

“Así llegó el Día de los Difuntos. Ese día incluso las calles espaciosas de la Neustadt parecen pensativas. En las elegantes floristerías se exponen coronas lujosas y soberbias, y sus extrañas flores no saben sonreír. Los espacios dedicados a los anuncios de espectáculos están encolados de vacío (...) Sobre el desapacible barrio de Zizkov ya se han encendido las farolas arqueadas de cuello increíblemente largo como si fueran muchas lunas tristes y, hacia abajo, ante la puerta del siempre creciente campo de muertos, hay una multitud de gente sombría; de gente llorosa que, llevando flores medio marchitas en la mano, anda aprisa hacia su objetivo con lúgubre nostalgia; de gente irritada que no comprende la prisa del dolor, de gente indiferente, o solemne, o gente que observa... y de muchos otros tipos (...) Pero entre la muchedumbre y sobre ella flota un polvo pesado y espeso de flores tristes, cansadas y olorosas, d hojas marchitas, de tierra húmeda de lluvia y de ropas mojadas en las que las palabras quedan como adheridas. Allí la multitud se divide por las distintas calles, pero lo cierto es que son pocos los que se esfuerzan en llegar rápidamente a la tumba que quieren adornar. Antes quieren haber contemplado a los otros difuntos con sus galas de fiesta y les parece muye entretenido andar despacio hacia los panteones ilustres, leer los largos y desconocidos nombres y contemplar las flores que cubren totalmente le costoso mármol. Y luego mirar en las capillas sepulcrales, con sus luminosos y brillantes altares (...) Este espectáculo de luz y brillo impregna las caras de la gente de una alegría viva e inconsciente que contrastaba de una manera extraña con algunos seres doloridos y apagados que se detienen tímidamente y sombríamente al borde del camino.”

Rilke, Rainer Maria. Relatos de Praga; Editorial Montecinos; Barcelona, España; Año 1992; pp. 97-98.


Mientras escribía esto, escuchaba el disco Enlightened False Consciousness de French Teen Idol. Realmente fascinante: melancólico, extrañamente alegre, atmosférico y concreto... bellísimo. Solamente ayer lo descargé, se los recomiendo.


Rodrigo G. M.
Puente Alto. Domingo 27 de Mayo de 2007. 17:56 hrs.

No hay comentarios.: