viernes, 4 de mayo de 2007

Caminar.

Deambular casi sin rumbo por la ciudad.
Ver aquello que de pronto me ataca con un repentino recuerdo.
Un edificio. Un reflejo. Una antigua conversación. Pequeños chispazos. El atardecer y el anochecer, siempre distintos... siempre recuerdos distintos.
Es curioso como a veces nos embriagan los recuerdos. A veces nos hacen sonreir, logran un leve calor en el rostro que nos enternece, o sencillamente una sensación que nos envuelve, nos abraza con su manto cálido y nos comienza a llenar, a embriagar, a veces lentamente y otras casi de inmediato, casi hasta hacernos llorar, o reir a gritos...
Es tan bello, y a la vez se hace tan cruel, eso de recordar. Y más aún cuando en el momento menos esperado aparece, y se nos presenta así, como un cuchillazo, como un relámpago de calor, fulminante, que nos paraliza brevemente y así, rápidamente, se va, dejando largas estelas... a veces de dolor, a veces de fresca emoción, de alegría incontrolable...

Uno podría darle medida y espesor a la ciudad y a ese cotidiano trayecto a pie entre el trabajo y la casa, con los recuerdos fugaces, podría dejarse llevar por ellos y construir sobre el monótono camino ya trazado y recorrido miles de veces, un suelo distinto, un periplo siempre nuevo, abierto a miles de posibilidades, a miles de situaciones, cada día distintas... una ciudad siempre distinta, reconstruida todos los días por la memoria y por ese halo de calidez que nos azota, nos hace parar el ritmo, el pie y el pensamiento, y nos devuelve a momentos mágicos con otras personas, con situaciones olvidadas en algún rincón del pensamiento, del corazón... mientras todo continúa alrededor... las mismas personas, los mismos edificios, las micros pasando una tras otra... pero absortos por un instante, en un diminuto recodo de la memoria, tras ese momento, tras aquella persona.

A veces la amistad y el cariño se van llenando de nuevas energías sólo con esos pequeños chispazos azarosos.
A veces algo cotidiano se vuelve hermoso.
Hermoso en su felicidad.
Hermoso en su tristeza y añoranza.
Porque ambos son igual de intensos y mágicos.


Dedicado a todos ustedes cuyos recuerdos fugaces me enternecen y me paralizan, absorto, helada la sangre, en alguna olvidada esquina de esta ciudad.

Sebastian
Valparaíso, Viernes 04 de Mayo de 2007 - 23:20 hs.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La vida es asi, llena de recuerdos tristes y alegres

Vivimos entre objetos-
Cada uno tiene sus propios objetos
-esto lo digo en forma súper abstracta-

Mi objeto de vida,
Con el que construyo el lugar por donde transito:

-Un pedazo de cordel, que me recuerda a una tarde en bicicleta, por primera vez aprendí del compañerismo al haber roto sin querer mi zapatilla, mis compañeros me ayudaron a que no me retaran..(guarde el cordel y compramos otro)-

podría estar toda la vida contando

LO que me pasó
LOS objetos

-El borde de una ventana abierta, asomándose en un balcón-

Algo tan cotidiano como nuevo para mí, que vengo de un lugar con mucho viento (no hay balcones)

-El paso por una calle, recordando vívidamente todo lo que he pasado en ese espacio
gente hablandome, conversaciones hechas, bromas, risas, calor, frio, hambre, cansancio, descanso-

MIs objetos, mi memoria, mi CONSTRUCCION de vivencias

...y nunca es igual
...nada es constante
No termino de relacionar más y más

Lo importante es
No concluir en algo
Seguir con la chispa en la mente
Descubrir más objetos
Relacionar más vivencias

Asombrarse esquina tras esquina
Descubrir el aroma a pasto recién cortado
Sentir la brisa marina
Quedarse con la mejor impresión de las cosas


CADA CUAL TIENE UNA VISION DE LA REALIDAD; DE LUGAR; DE GENTE; DE SU VIDA Y POR ENDE DE LO QUE LLEVA CONSIGO... SUS RECUERDOS

DE ACUERDO A NUESTRA REALIDAD ES QUE NOS DAMOS A ENTENDER Y RELACIONAR CON NUESTRO ENTORNO; NUESTORS AMIGOS; GENTE; MUNDO EN GRAL.
nuestras cosas, nuestros objetos, nuestros tesoros de vida

compartir con más personas nuestras reliquias

construir otro tejido de ciudad
construir otro recorrido
otro tiempo
otro ritmo

lo que más vale la pena, son los momentos felices que nos estimula a seguir en una búsqueda de tener más y mejores

parte de esos momentos se los debo a mis grandes amigos, quienes transformaron mis ideas de objetos en una concepción distinta


Bien dices tú que a veces algo cotidiano se vuelve hermoso

-gracias por tu amistad-

Anónimo dijo...

...No sé que decir...

Estoy profundamente conmovido por tus palabras. Me llegan realmente al fondo del alma.
Muchas gracias

Sebastian