Manos que den vuelta
alrededor de mi espalda y mi cuello
y me recojan suaves mientras caigo exhausto.
Una voz dulce que ilumine mi espíritu.
No quiero más soledades ni más espejismos fugaces.
Mas no quiero traicionarme, ni dejarme caer.
Sólo quiero encontrar sus brazos, sus hombros, su rostro sonriente...
sus manos, su voz... los que me aguardan, desconocidos aún
los que me esperan en algún rincón, en algún recodo de esta ciudad.
No quiero más soledades ni más espejismos fugaces.
Mas no quiero traicionarme, ni dejarme caer.
Sólo quiero encontrar sus brazos, sus hombros, su rostro sonriente...
sus manos, su voz... los que me aguardan, desconocidos aún
los que me esperan en algún rincón, en algún recodo de esta ciudad.
Hoy hace mucho tiempo que no lo hacía.
Esto de salir a caminar.
Sólo por hacerlo. Sin razón. Sin objetivo.
Sin pensarlo. Sólo yo y mis pies dejándose llevar.
La ciudad. Los cerros. El mar.
La ciudad está gris.
Tibios colores a lo lejos.
(Un velo contínuo que no es otro
que el que me envuelve y encegece)
Plaza Bismarck
Esto de salir a caminar.
Sólo por hacerlo. Sin razón. Sin objetivo.
Sin pensarlo. Sólo yo y mis pies dejándose llevar.
La ciudad. Los cerros. El mar.
La ciudad está gris.
Tibios colores a lo lejos.
(Un velo contínuo que no es otro
que el que me envuelve y encegece)
Plaza Bismarck
Sólo quiero llorar.
Humedecer tus hombros, tu frente.
Tus labios, dejar que me envuelvan...
dejar que te envuelvan.
Qué más puedo hacer.
Dejarme llevar. Flotar.
Levitar mientras el rostro se envuelve con mis lágrimas,
cubre mis poros, baña mis pensamientos.
(Aprieta los dientes y corre.
Mientras camino, recuerdo.
Bajo un toldo, sobre la baranda.
Con el horizonte de casas, patios y escaleras.
Incontables. Indeterminables.
Todo esto es ya conocido... y a la vez es tan nuevo.
Son otros los ojos que lo ven.
Todos los días son otros.
Es otro el recuerdo. Es otro el sentimiento.
Ojalá volvieran esos otros horizontes, a lo lejos.
Ojalá tus recuerdos cobraran nueva vida. Por última vez.
(Rodrigo, Recreo, Condell, Portales...
una bella galería iluminada en la mañana, en el ocaso)
Quisiera embriagarme con tus recuerdos...
Árboles. Tenue luz. Cielo gris, a lo lejos.
Hojas meciéndose. Brisas que construyen este manto.
Niños jugando
sutiles, a lo lejos.
Etéreos.
Van. Vienen.
Se van.
Son sólo ecos en el recuerdo.
Es hora de partir.

Camino sobre tablas movedizas.
Inestables. Vertiginosas, frente al paisaje.
(Así se van construyendo las observaciones.
El modo de percibir el espacio. El lugar...)

La tarde va cayendo
y yo junto con ella
voy descendiendo.
Son otros los horizontes. Es otro el pensar ahora.
Es otro el ruido, las personas, el vacío se ha llenado de gente...
pero sigue siendo un vacío inexpugnable
que me rodea
que me sigue sigiloso...
El dejarse llevar por el deambular, me ha traido hasta acá
me ha encontrado con quien no veía hace tiempo.
Me ha hecho hablar, reirme, recordar... es por algunos momentos una conversación, dos personas a lo lejos transformando el habla en un concepto, dando forma a una idea, construyendo de a poco una amistad que va y viene... siempre difusa.
La gente. Mucha. Ruidosa. A ratos no parezco tan solo.
Es un día domingo cualquiera.
La ciudad tiene un carácter distinto
pero sólo en ciertos puntos,
más allá, solo vacíos.
Desprovistos. Ajenos.
Despojados de sentido.
Sebastian
Domingo 22 de Abril de 2007 - 21:30 hs.
Humedecer tus hombros, tu frente.
Tus labios, dejar que me envuelvan...
dejar que te envuelvan.
Qué más puedo hacer.
Dejarme llevar. Flotar.
Levitar mientras el rostro se envuelve con mis lágrimas,
cubre mis poros, baña mis pensamientos.
(Aprieta los dientes y corre.
Abraza con fuerza lo que tengas por delante, Sebastian)
Mientras camino, recuerdo.
Bajo un toldo, sobre la baranda.
Con el horizonte de casas, patios y escaleras.
Incontables. Indeterminables.
Todo esto es ya conocido... y a la vez es tan nuevo.
Son otros los ojos que lo ven.
Todos los días son otros.
Es otro el recuerdo. Es otro el sentimiento.
(Resiste, pensamiento.
No te dejes vencer.
Cruel tentación.
Autodestructiva.)
No te dejes vencer.
Cruel tentación.
Autodestructiva.)
Ojalá volvieran esos otros horizontes, a lo lejos.
Ojalá tus recuerdos cobraran nueva vida. Por última vez.
(Rodrigo, Recreo, Condell, Portales...
una bella galería iluminada en la mañana, en el ocaso)
Mientras pienso, la ciudad desaparece
y aparecen sus rincones, acechantes.
(mirador Camogli, pasaje Voltaire, pequeña plaza de cerro...)
y aparecen sus rincones, acechantes.
(mirador Camogli, pasaje Voltaire, pequeña plaza de cerro...)
Quisiera embriagarme con tus recuerdos...
Árboles. Tenue luz. Cielo gris, a lo lejos.
Hojas meciéndose. Brisas que construyen este manto.
Niños jugando
sutiles, a lo lejos.
Etéreos.
Van. Vienen.
Se van.
Son sólo ecos en el recuerdo.
Es hora de partir.

Camino sobre tablas movedizas.
Inestables. Vertiginosas, frente al paisaje.
(Así se van construyendo las observaciones.
El modo de percibir el espacio. El lugar...)
Pero ahora me acompaña una búsqueda propia.
Mi espacio. Mi lugar. Mi ser.
Quisiera quedarme. Sentir.
Percibir.
Estar.
Pero no soy de aquí
ni de allá.
Los sutiles ruidos de mi alrededor
me alejan.
Me incitan a avanzar.
A moverme de un lado para el otro
en búsqueda de un silencio, que me acoja...
que me cubra con sus brazos enormes y cálidos.
Que me permita caer en el vacío de su aliento.
Caer. Desaparecer...
Dormir, escapar de mi mismo, de mis circunstancias.
De mi propio pensar. De mi propio cuerpo
que hierve y explota cada día.
Pasaje Edén
Mi espacio. Mi lugar. Mi ser.
Quisiera quedarme. Sentir.
Percibir.
Estar.
Pero no soy de aquí
ni de allá.
Los sutiles ruidos de mi alrededor
me alejan.
Me incitan a avanzar.
A moverme de un lado para el otro
en búsqueda de un silencio, que me acoja...
que me cubra con sus brazos enormes y cálidos.
Que me permita caer en el vacío de su aliento.
Caer. Desaparecer...
Dormir, escapar de mi mismo, de mis circunstancias.
De mi propio pensar. De mi propio cuerpo
que hierve y explota cada día.
Pasaje Edén

La tarde va cayendo
y yo junto con ella
voy descendiendo.
Son otros los horizontes. Es otro el pensar ahora.
Es otro el ruido, las personas, el vacío se ha llenado de gente...
pero sigue siendo un vacío inexpugnable
que me rodea
que me sigue sigiloso...
El dejarse llevar por el deambular, me ha traido hasta acá
me ha encontrado con quien no veía hace tiempo.
Me ha hecho hablar, reirme, recordar... es por algunos momentos una conversación, dos personas a lo lejos transformando el habla en un concepto, dando forma a una idea, construyendo de a poco una amistad que va y viene... siempre difusa.
La gente. Mucha. Ruidosa. A ratos no parezco tan solo.
Es un día domingo cualquiera.
La ciudad tiene un carácter distinto
pero sólo en ciertos puntos,
más allá, solo vacíos.
Desprovistos. Ajenos.
Despojados de sentido.
Y mientras cae la noche, nos volvemos a separar.
Caminos que van, se juntan, se acompañan, y se separan...
como viéndolo desde un bus, la ciudad y sus encuentros, sus encrucijadas...
caminos paralelos que comienzan a separarse...
pero se ven, se divisan a lo lejos... se dicen adios.
Y ahora nuevamente yo y mis pasos
en el pavimento
de noche.
Cansado.
Taciturno.
A lo lejos tu rostro, es casi un recuerdo.
Ahí está... iluminado. Sonriente. Pero pertenece a otro mundo.
Otra dimensión en la cual no tengo cabida.
Mi dimensión esta vez es la de la noche solitaria
deambulante, por los callejones
que me devuelven, me alejan, me envuelven dentro del cerro
y me separan suavemente, casi con ternura, de las plazas, de las calles vivas, de los rostros iluminados por los escaparates, por las vitrinas, por las ventanas.
Es otro el horizonte ahora. Es lo cercano. Lo difuso. La luna a lo lejos.
El camino recorrido una y mil veces,
que me devuelve al inicio...
que me devuelve,
sólo.
Caminos que van, se juntan, se acompañan, y se separan...
como viéndolo desde un bus, la ciudad y sus encuentros, sus encrucijadas...
caminos paralelos que comienzan a separarse...
pero se ven, se divisan a lo lejos... se dicen adios.
Y ahora nuevamente yo y mis pasos
en el pavimento
de noche.
Cansado.
Taciturno.
A lo lejos tu rostro, es casi un recuerdo.
Ahí está... iluminado. Sonriente. Pero pertenece a otro mundo.
Otra dimensión en la cual no tengo cabida.
Mi dimensión esta vez es la de la noche solitaria
deambulante, por los callejones
que me devuelven, me alejan, me envuelven dentro del cerro
y me separan suavemente, casi con ternura, de las plazas, de las calles vivas, de los rostros iluminados por los escaparates, por las vitrinas, por las ventanas.
Es otro el horizonte ahora. Es lo cercano. Lo difuso. La luna a lo lejos.
El camino recorrido una y mil veces,
que me devuelve al inicio...
que me devuelve,
sólo.
Sebastian
Domingo 22 de Abril de 2007 - 21:30 hs.
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