lunes, 23 de abril de 2007

De pie.
Cansado.

Mirando. Mirándome con el pensamiento.
Con la imaginación.
Con otros ojos.

Aguardando bajo el cielo de mi pieza.
Apoyado. Asomado. Escribiendo lo que pienso.
Son sólo pensamientos. Ideas dispersas.
Fragmentos que no construyen nada aún.

Mas el oficio de escribir les da sentido y continuidad.
Les da vida, podríamos decir.
Le da cuerpo y forma a las palabras
que fluyen sin control, sin medida.
Ellas sólo desean salir de mi cuerpo, de mi mente, de mi piel...
pues no son sólo palabras. Son pequeñas partes de mí que salen explotando, son pequeños pedazos de mi corazón los que caen junto a mí.
Y las palabras muchas veces no son ideas. Son destellos, son lágrimas invisibles que buscan incontrolables la forma de explotar, de florecer, a veces más rápido de lo que alcanzo a entender, a escribir, a comprender.
A veces es más que yo mismo.
A veces sólo quedo absorto frente al torrente que se desborda en mi interior.

Por ahora sólo escribo. Sólo me explico escribiendo el porqué sigo escribiendo...
por ahora soy sólo un pequeño ser
diminuto entre estas cuatro paredes...
diminuto frente al delirio de mis sensaciones.

Sebastian Aguilar
Valparaíso, Martes 24 de Abril de 2007 - 02:10 AM

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