domingo, 18 de marzo de 2007

Jardín guarecido entre laderas

Allá, detrás de todo, lejos de todo y en el fondo...
en el fondo articulador que bifurca las quebradas y los caminos...

Allá, al final de la Avenida Santa Elena, detrás de la Fábrica Costa, la más misteriosa y compleja de Valparaíso, que la protege y la guarece con su imponente sombra, se encuentra este conjunto casi intacto, como aguardando algo, como lo ha hecho desde cerca de 80 años...

Aquí aparece nuevamente ante mis ojos y ante mis pies el bello y sorpresivo grupo de casas, más bien chalets, ajardinados, señoriales, con gran tamaño y delicados diseños, aún más intrigantes al ubicarse en el fondo y final de la quebrada, rodeado de grandes cerros y frondosos bosques, probablemente construidas para los ejecutivos y técnicos de la Fábrica Costa.

Sus caminos se elevan buscando el bosque, y las casas, adelantándose a los taludes y a los zócalos, se muestran en total armonía con el paisaje, con la topografía difícil, con el cerro cortado y las alturas vertiginosas, bajo un cielo acotado, delimitado y enmarcado, bajo una sombra larga y oscura que dejan los árboles, en los cuales el juego de los niños, el paseo, el llegar a las casas, se transforma en una experiencia irrepetible en el resto de la ciudad. Estas condiciones de amplitud y generosidad en las construcciones y en el espacio ajardinado le confieren una calidad única en su conformación paisajística, y su pequeña plaza, situada abajo, donde se cruzan los caminos y comienzan a enroscarse para bordear el cerro suavemente, se convierte en un triste y solitario rincón, olvidado incluso por los propios residentes, pero melancólico y poético tal vez, bajo la sombra suave y destellante de delgados haces de luz sobre los árboles.

Acá, con la pendiente y la quebrada, bajo la sombra fría de los bosques, se ha gestado una particular forma de ciudad jardín, arraigada al terreno, guarecida por el pliegue de las laderas, por las suaves curvaturas que develan de a poco las miradas, las construcciones, los rincones, y que una vez arriba, asomado sobre los caminos, se muestra en todo esplendor, dejando ver al otro lado de los cerros, una pequeña parte de la ciudad... lejana, pero a la vez inmediata...

Hermoso rincón de silencios y murmullos anónimos, donde la luz y el tiempo son distintos, bajo cuya sombra sus nobles construcciones envejecen lánguidas, leves, casi tristes...




Sebastian A. O.
Valparaíso, Lunes 19 de Marzo de 2007 - 01:40 hs.


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